Luego Samuel tomó una piedra grande y la colocó entre las ciudades de Mizpa y Jesana. La llamó Ebenezer (que significa «la piedra de ayuda») porque dijo: «¡El Señor no ha dejado de ayudarnos!» 1er Libro de Samuel 7:12
Se habrán dado cuenta que hoy, muchos de los edificios modernos se construyen con un espacio en común llamado SUM (salón de usos múltiples). Suele ser un salón enorme en el que se desarrollan todo tipo de actividades, situaciones varias, eventos, reuniones, cumpleaños, etc. Así que, podríamos asegurar que nunca son para “un solo tipo” de actividad. A veces se arreglan para fiestas, otras para reuniones de consorcio, otras para exposiciones, etc.
O sea
que, se adaptan para la “situación” y luego vuelven a ser “neutrales” a la
espera de la próxima actividad.
Los SUM solo
sufren transformaciones temporales, son como “ataques” de adornos, de diseños
varios, mesas y sillas dispuestas para el evento; y cuando todo pasa, vuelven a
ser lo mismo hasta el evento que viene.
El cristiano tipo SUM
es aquel que no está creciendo en el Reino de Dios, sino dentro de sus propios
límites, criterios, adornos o disposiciones personales. Son como las plantas y
flores de los almácigos, los canteros, las macetas…, nada puede crecer mucho
ahí, solo son algo vistoso y temporal.
Pero lo que el Señor
desea de nosotros, sus hijos, no cambia año a año. Los que somos padres pasamos
por la misma tensión…, creo que no esperamos que algo diferente pase con
nuestros hijos el 1ro de Enero.
¿Qué
cosa diferente podría esperar el Señor de nosotros que no lo haya esperado o
buscado desde siempre? Lo que espera de nosotros ya está claro en Su Palabra.
Desde antes que
naciésemos ya esperaba y deseaba “algo” para cada uno de nosotros. Lo que
siempre anheló para nuestra vida es que seamos templo, “templo del Espíritu
Santo”, un establo transformado en Su habitación. Lamentablemente, aquel
lugar en Belén ya no fue el mismo con el correr del tiempo; el hombre se
encargó de transformarlo en un punto turístico de observación y congoja
forzada.
No podemos vivir de los
sucesos anteriores, de los buenos años pasados (en los que nos fue “bien”), de
la fe de otros, de la transformación de otros. Necesitamos buscar y vivir en
nuestra propia experiencia de fe con Cristo, nuestra propia intimidad con Él,
en nuestro propio establo transformado.
Un nuevo año calendario
está a punto de comenzar, pero para Dios todo sigue como lo planeó desde el
principio. En Él no hay tiempos cronológicos ni años que pasan. Para Dios, la
historia es una sola y en ella va desarrollándose Su plan para nuestra vida.
Nada,
absolutamente nada, ha escapado a su control ni a su voluntad. Y hay que ser
agradecidos por eso.
No quiero “desear o aventurar”
nada diferente para este fin de año ni para el que viene…, solo quiero pedirle
a Dios:
- Que siga transformando este pobre establo que es nuestra vida y que finalmente pueda ser Templo del Espíritu Santo.
- Que siga transformando Su iglesia, que siga dándole forma a través de cada prueba hasta que ÉL venga a buscarla.
- Y en los tiempos de bonanza, que sea una iglesia agradecida por Su sostén.
Dejemos ya los
rudimentos, las pequeñeces, los berrinches. Salgamos de los “maceteros
espirituales” para crecer en libertad en los amplios terrenos de Dios
preparados “de antemano”. ÉL no cambia… Nosotros necesitamos cambiar.
¿A alguien le queda alguna duda?
¡Que tengas un hermoso fin y comienzo de año!
Cuidas la tierra y la riegas; la enriqueces y la haces fértil. El río de
Dios tiene agua en abundancia; proporciona una exuberante cosecha de grano,
porque así ordenaste que fuera. Con lluvias empapas la tierra arada; disuelves
los terrones y nivelas los surcos. Ablandas la tierra con aguaceros y bendices
sus abundantes cultivos.
Coronas el año con una copiosa cosecha; hasta los senderos más
pisoteados desbordan de abundancia.
Las praderas del desierto se convierten en buenos pastizales, y las
laderas de las colinas florecen de alegría. Los prados se visten con rebaños de
ovejas, y los valles están alfombrados con grano.
¡Todos gritan y cantan de alegría!
Salmo 65:9-13
Ptor. Roberto Góngora
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