sábado, 28 de marzo de 2020

La Imagen de la Iglesia frente al Tercer Milenio


Ha pasado mucho tiempo desde que Jesucristo nos encomendó la tarea de “impregnar” este mundo con la Palabra del Evangelio. Mucha agua ha pasado bajo el puente y la Iglesia ya tiene una historia bien marcada sobre sus espaldas. Una historia con todo tipo de ribetes y rica en expresiones de todo tipo. Paradójicamente su imagen fue cambiando: en el mundo y en los testimonios locales.

También debemos reconocer que somos parte de una sociedad sin Dios que está gobernada por un relativismo moral alarmante. Hay una falta total de ejemplos, de ética, en todas las esferas. A medida que la historia avanza se va estableciendo un divorcio cada vez más marcado entre los principios éticos y las realidades de la vida social. Pero lo grave es que ese relativismo moral y la filosofía hedonista de nuestra sociedad parece haber ingresado (permeado, infectado) a la vida de la iglesia.

Ya hemos entrado en un nuevo milenio de historia, y la pregunta se hace inevitable: ¿Qué imagen está dando la iglesia hoy? ¿En qué medida la iglesia se está comportando como un cuerpo comunitario? ¿Hasta qué punto la iglesia está expresando la presencia del Reino de los Cielos en la tierra?

Quisiera abordar este tema a partir de algunos aspectos, que son los que a mi criterio están visiblemente en conflicto.[1]

1.  El Aspecto Eclesiológico

Considero que la situación más preocupante dentro de la vida de la iglesia está dada en primer lugar; por el olvido, la incomprensión, el descuido o la deliberada malformación de una doctrina que ha sido fundamental en la Reforma: el sacerdocio universal todos los creyentes; y en segundo lugar, el rol del pastor. La mala comprensión de estos dos pilares doctrinales nos ha llevado a deformaciones gravísimas del concepto de iglesia. Se hace urgentemente necesario reconocer que en muchas oportunidades se ha degenerado el sacerdocio de todos los creyentes por el SACERDOTALISMO de ALGUNOS creyentes. Esto va creando malestares dentro de la vida de la iglesia y en la misión que desempeña.

John A. T. Robinson, nos recuerda que Cristo es el Sumo Sacerdote y que la iglesia como cuerpo (comunidad de fe) es la que debe preservar y enseñar esta verdad a sus feligreses.  Esto es cierto si se tiene en cuenta que en ocasiones la iglesia ha pecado de vanidosa al llevar adelante (o por lo menos intentarlo) una misión sin la conformidad de sus miembros. Dice Robinson: “... no se debe permitir que nuestro temor al sacerdocio [...] minimice el carácter y la vocación inexorablemente sacerdotales que tienen todo este cuerpo y cada uno de sus miembros.[2]  Es evidente que Robinson sale a la defensa del ministerio de la iglesia como “cuerpo” y se opone a toda manifestación individualista que lleve a cada creyente a producir una tensión entre su tarea y la de la iglesia.

Frente a este panorama, pienso y creo que durante muchos años se han adoctrinado personas (en lugar de discipular) que llegan a nuestras congregaciones, pero el resultado es que no tenemos “iglesias discipuladas”. Parece que en las décadas pasadas, el llamado avivamiento (en sus variadas expresiones: renovación, celebración, cultos de alabanza, guerra espiritual, etc.) fue abriéndose paso a costa de la ética, la solidaridad, la tolerancia, el sacerdocio de todos los creyentes, la unidad, la comunión y otras formas de vida consideradas “clásicas” y “fundamentales” para la extensión del Reino. Hoy como nunca vemos iglesias fracturadas, divididas, espiritualmente enanas, mediocres y dominadas. Algunos dicen que la “renovación” es la causa de esta imagen desdibujada de la iglesia; otros sostienen que es el concepto de “unción” y hasta algunos pensarán que es la práctica de “liberación” en los cultos o en la visitación. Es posible que me equivoque, pero creo que la “renovación” ya encontró a una iglesia ya dividida y polarizada que ha descuidado la práctica sana de los ministerios que hoy tenemos que recuperar.

2.  Aspecto Educativo (o formativo)

En otros contextos o denominaciones se habla de ministerio de educación cristiana. Históricamente se lo ha conocido como “la escuela dominical” ó “la escuelita”, presentándose como una actividad aparentemente destinada a la preparación y crecimiento solamente de los niños ya que los adultos no parecen ser los destinatarios de esta actividad. Este ministerio debería ser considerado el más importante en la vida de una iglesia que quiere crecer y desarrollarse.

Tal vez sea tiempo de transformar “la escuelita” en una academia bíblica en donde los creyentes se gradúen por lo menos de maestros, para poder enseñar a otros. Son muy pocas las iglesias que se han tomado la educación formativa de sus miembros en serio.

La predicación

Creo que la predicación merece un capítulo aparte ya que es necesaria una renovación total de la misma. Ese gran predicador que fue Juan Wesley decía:
Dadme cien predicadores que no teman a otra cosa que al pecado y no deseen otra cosa que a Dios, y me importa un bledo que sean clérigos o laicos, solamente los tales sacudirán las puertas del infierno y establecerán el Reino de los Cielos en la tierra.
Hay que empezar a hacer docencia desde los púlpitos y predicar, si es necesario, hasta con pizarra y tiza. La predicación de este tiempo es en algunos casos la presentación de un producto light ó bajas calorías (dos cucharaditas de esto, una de lo otro, agua caliente y ya está...). Es la propuesta de un evangelio sin compromiso y por lo tanto barato. El pueblo de hoy es un pueblo sin preparación, que no sabe vivir ni hacerle frente a la vida el resto de la semana. Cargan las pilas el domingo y con eso tiran hasta el próximo encuentro. Es espantoso ver la falta de conocimiento bíblico, lo que lleva a no discernir ni juzgar la sociedad que nos rodea. Es necesario recuperar ese espíritu de la predicación pastoral, expositiva, con contenido. La predicación debe ser un servicio al pueblo y un lugar para el discipulado comunitario. Osvaldo Mottesi[3] lo dice de esta manera, "Dios nos llama a experimentar una renovación espiritual, que produzca una transformación ministerial, generadora de una movilización general, que fructifique en una misión integral". La predicación debe satisfacer también las necesidades humanas de la congregación y debe apuntar aún a la denuncia (aspecto profético) del pecado del pueblo.
Callar o ignorar el pecado de un grupo, sea la élite o la masa, los de arriba o los de abajo, los ricos o los pobres, los opresores o los oprimidos, los de izquierda o los de derecha, los conservadores o los radicales, los tradicionalistas o los carismáticos, por las razones que fueren, no es predicación diaconal [ni profética de denuncia], ni servicial: es demagogia, parcialidad, manipulación, uso prostituido de la Palabra de Dios.[4]
Otra falla que se nota dentro del aspecto educativo es la falta de solidez hermenéutica (interpretación bíblica). Ya no hace falta aprender a interpretar la Palabra de Dios, basta con preguntarle al maestro ó al pastor todas las cosas, ó estar seguro que “Dios me dijo ...”

3.  Aspecto Conductivo

Un tema candente y apasionante a la vez, ya que está relacionado con el tipo de gobierno de la iglesia. Además, la palabra líder es prácticamente de uso común. Es interesante notar que en la Biblia no aparece el término “líder” para referirse a una persona encumbrada, o que haya estado en relación íntima con Dios, o que haya sido un conductor popular. En su lugar tenemos el término “siervo”. También tenemos la palabra “laos” que describe la naturaleza de la iglesia como pueblo de Dios. El descuido y la falta de preparación de futuros siervos ha llevado a encontrarnos con líderes que lo son por “herencia” porque toda su familia siempre fue de liderazgo en la iglesia y no aceptan ser reemplazados o dejar su lugar voluntariamente a otros. Son sacerdotes de “élite”.

La iglesia de hoy parece ser una PyME (pequeña y mediana empresa). Se ha transformado en una estructura jerárquica en donde cada miembro ocupa un “status” definido. Sin embargo, la iglesia no puede funcionar con parámetros que para el mundo son normales. Si se observa con detenimiento las tareas que una iglesia debe realizar, inexorablemente se llegará a la conclusión de que solamente el ministerio/servicio comprometido de cada creyente hace posible que la iglesia sea lo que debe ser. La iglesia debe hacer todo lo posible para deshacerse de la división tan marcada entre “clérigos” y “laicos” y poner más énfasis en la unidad de la iglesia “en misión”.

La iglesia local debe funcionar como una escuela para la preparación de los suyos. Lamentablemente vemos que los responsables están ocupados en cuestiones de poder y el ejercicio de la autoridad. Están ocupados en cuestiones de organización y política eclesiástica. Están intentando hacer toda la obra solos y tienen miedo de ver que sus jóvenes están estudiando y quizás lleguen a tener mejor preparación que ellos. Algunos se sienten amenazados.

Algunas Conclusiones

Es evidente que la imagen que está dando la iglesia (como Cuerpo de Cristo) es, a mi criterio, muy triste. Para penetrar y transformar correctamente una sociedad que ya ha ingresado al siglo XXI, debemos revisar urgentemente nuestra eclesiología, la enseñanza, la  predicación, la hermenéutica y nuestras formas de gobierno o liderazgo. No se puede seguir así. Todos los días nos enteramos de pastores enredados en problemas con su iglesia y viceversa. Pastores que optan por una forma de gobierno piramidal, autoritaria y caudillista.

La “mística” del pastorado y de la vida de la iglesia ha desaparecido. Ya todo es frío y calculado. Parece que la globalización ha invadido la iglesia transformándola en una especie de sociedad individualista. Parece que todos los domingos, la gente que se reúne es distinta. La Iglesia no es meramente una colección de individuos bien intencionados, más o menos unidos por algún convenio. La iglesia se constituye en una experiencia común compartida. Ser una "comunidad" no es algo opcional para la Iglesia de Jesucristo. Por naturaleza somos una comunidad. La verdadera comunidad cristiana es creada y sostenida por una fe común; un compromiso de obediencia común a Cristo... el Señorío de Cristo?

El anhelo de los reformadores, era que la iglesia fuese un lugar en donde se proclamara la Palabra de Dios en su pureza, donde las ordenanzas fuesen administradas correctamente, y donde se ejerciera una disciplina eclesiástica bíblica. También debe ser nuestro imperativo en este tiempo preparar una iglesia para Cristo “como una novia... para las bodas del Cordero.” Debemos presentársela sin mancha.


Lic. Roberto R. Góngora
Pastor - Licenciado en Teología



[1]Es bueno aclarar que esta no es una visión apocalíptica ni pesimista de la situación, sino una mirada crítica y sentida de una situación que debe cambiar a partir de la iglesia misma.
[2] John A. T. Robinson, La iglesia en el mundo (Barcelona: Colecciones Península, 1960), 87.
[3] Osvaldo Mottesi, Predicación y misión: una perspectiva pastoral (FLET, 1989), 40.
[4] Ibid., 46-47.

4 comentarios:

  1. Excelente perspectiva de la realidad actual de la Iglesia. Saludos y Bendiciones Pastor Roberto.

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    1. Muchas gracias Pepe, busquemos en el temor de Dios que esta realidad cambie.

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  2. Siempre claro y conciso, Roberto. Gracias por haberme marcado con tus enseñanzas y maneras.

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    1. Gracias Fer, tenemos un responsabilidad tremenda al enseñar y acompañar. Me alegro mucho!
      Abrazo grande!

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